La puesta a tierra industrial es la instalación que nunca se ve y de la que depende que un defecto de aislamiento termine en un disparo limpio del diferencial y no en una persona electrocutada o un equipo destruido. Es, además, uno de los puntos que más fallan en las inspecciones OCA y de los que menos se revisan en el día a día. En esta guía explicamos qué exige el REBT, cómo se mide una toma de tierra, qué valores son válidos según la instalación y cada cuánto conviene comprobarla en empresas de Navarra y La Rioja.
Qué es la puesta a tierra y para qué sirve
La puesta a tierra —o toma de tierra— es la unión directa, sin fusibles ni protecciones, de las masas metálicas de una instalación con el terreno a través de electrodos enterrados. Su misión no es que la instalación "funcione", sino limitar la tensión que pueden alcanzar las masas respecto a tierra cuando se produce un fallo de aislamiento, y garantizar que las protecciones (diferenciales y magnetotérmicos) actúen.
Cumple tres funciones de seguridad simultáneas:
- Protección de personas: evita que una carcasa metálica accidentalmente en tensión alcance un potencial peligroso al tocarla.
- Disparo de protecciones: ofrece un camino de baja impedancia para la corriente de defecto, de modo que el diferencial detecte la fuga y corte en milisegundos.
- Derivación de sobretensiones: canaliza hacia el terreno las descargas atmosféricas y los transitorios, trabajando en conjunto con los protectores contra sobretensiones.
En una nave industrial, la red de tierras conecta cuadros, estructura metálica, bandejas, motores, máquinas, depósitos y el conductor de protección (el cable amarillo-verde) de cada circuito. Si esa red está mal ejecutada o se ha degradado, todas las protecciones que dependen de ella pierden eficacia.
Qué exige el REBT sobre la puesta a tierra
El Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión regula la puesta a tierra principalmente en la ITC-BT-18 (instalaciones de puesta a tierra) y la ITC-BT-24 (protección contra contactos directos e indirectos). Los puntos clave que toda instalación industrial debe cumplir:
- Existencia de un electrodo de tierra (picas, placas, conductor enterrado o anillo perimetral) dimensionado para el terreno.
- Un conductor de tierra y una línea principal de tierra que lleguen a un borne o punto de puesta a tierra accesible y desmontable para poder medir.
- Conductores de protección de sección adecuada en todos los circuitos, identificados en amarillo-verde.
- Una resistencia de tierra suficientemente baja para que, combinada con la sensibilidad del diferencial, la tensión de contacto no supere los límites de seguridad: 24 V en locales húmedos o de obra y 50 V en locales secos.
Esa última condición es la que conviene entender bien, porque marca el valor de resistencia admisible.
Qué valor de resistencia de tierra es válido
No existe un único "valor bueno" universal: el límite depende de la sensibilidad del diferencial que protege la instalación. La fórmula de la ITC-BT-24 relaciona la tensión de contacto máxima (U) con la resistencia de tierra (R) y la corriente de disparo del diferencial (I):
R ≤ U / I
Con los diferenciales habituales se obtienen estos topes:
| Diferencial (sensibilidad) | Local seco (50 V) | Local húmedo (24 V) | |---|---|---| | Alta sensibilidad 30 mA | R ≤ 1.666 Ω | R ≤ 800 Ω | | Media sensibilidad 300 mA | R ≤ 166 Ω | R ≤ 80 Ω | | Baja sensibilidad 500 mA | R ≤ 100 Ω | R ≤ 48 Ω |
En la práctica industrial no se busca el máximo admisible, sino un valor bajo y estable, habitualmente por debajo de 20-37 Ω, e idealmente menor de 10 Ω en instalaciones con equipos electrónicos sensibles, SAI o sistemas de control. Cuanto más baja y constante es la resistencia, más rápido y fiable es el disparo y mejor se comporta la instalación frente a sobretensiones.
Cómo se mide una toma de tierra
Medir la puesta a tierra requiere instrumento específico y método; no vale "tocar con el polímetro". Los dos procedimientos habituales:
- Método de caída de potencial (3 o 4 hilos): se desconecta el electrodo del borne principal y se clavan dos picas auxiliares a distancia (típicamente la pica de corriente a 25-40 m). El telurómetro inyecta corriente y mide la resistencia real del electrodo. Es el método de referencia, el que exige la OCA y el que da un valor con valor legal.
- Método de pinza (sin desconexión): una pinza de tierra mide el bucle completo sin abrir la instalación. Es rápido y muy útil para verificaciones periódicas y para detectar electrodos degradados, pero requiere que existan varias tomas de tierra en paralelo para ser representativo.
La medición debe documentarse con fecha, valor obtenido, método, resistividad del terreno y condiciones de humedad, porque el resultado varía mucho con la época del año: una tierra que da 18 Ω en marzo tras las lluvias puede subir a 60 Ω en pleno agosto en la Ribera de Navarra. Por eso interesa medir, idealmente, en la estación más desfavorable (verano seco).
Cada cuánto revisar la puesta a tierra
La periodicidad depende del tipo de instalación y del entorno. Como guía práctica para industria y comercio:
- Comprobación anual del valor de resistencia en instalaciones industriales y locales de pública concurrencia.
- Revisión visual de bornes, soldaduras aluminotérmicas, grapas y continuidad de conductores en cada mantenimiento preventivo de la empresa.
- Medición en época seca, cuando el terreno está más desfavorable, para trabajar con el peor caso.
- Tras cualquier obra, ampliación o movimiento de tierras que pueda haber afectado a los electrodos o al anillo perimetral.
- Verificación obligatoria dentro de la inspección OCA periódica (cada 5 años en la mayoría de industrias).
La ITC-BT-18 obliga además a comprobar la tierra al menos una vez al año coincidiendo con la época en que el terreno esté más seco.
Problemas habituales y cómo se solucionan
Las causas más frecuentes de una puesta a tierra defectuosa que encontramos en naves de Navarra y La Rioja:
- Resistencia demasiado alta por terreno seco, pedregoso o por picas insuficientes. Solución: añadir picas en paralelo, profundizar, ejecutar un anillo perimetral o emplear compuestos mejoradores del terreno.
- Corrosión de electrodos y uniones, sobre todo donde conviven cobre y acero (par galvánico). Solución: soldadura aluminotérmica y grapas de material compatible.
- Conductor de tierra cortado, aflojado o "puenteado" en una reforma que dejó masas sin protección.
- Falta de borne de medida accesible, que impide comprobar la tierra sin desmontar.
- Ausencia de conexión equipotencial entre estructura, tuberías metálicas y red de tierras.
- Picas robadas o cortadas —el cobre desaparece— dejando la instalación sin electrodo real.
Muchos de estos defectos no dan ningún síntoma visible: la instalación funciona con aparente normalidad hasta el día en que se produce un defecto y el diferencial no dispara como debería. Por eso la medición periódica es la única forma de saber que la red de tierras sigue cumpliendo su función.
Por qué la puesta a tierra es una inversión, no un gasto
Una toma de tierra correcta es la diferencia entre un susto y una tragedia. Frente al coste de revisarla y mantenerla —unos cientos de euros al año dentro de un plan de mantenimiento— está el de no hacerlo: un accidente eléctrico con baja laboral, la destrucción de cuadros y electrónica por una sobretensión mal derivada, una sanción tras inspección o el bloqueo de una póliza de seguro por instalación no conforme. En cualquier industria con maquinaria, frío, automatización o atención al público, la red de tierras es infraestructura crítica de seguridad.
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